Tomando como referente el buey, animal cuya ocupación principal era la de ser animal de tiro, en especial, en las labores de labranza, esta paremia afirma que, en cualquier ocupación, hay trabajos y dificultades que soportar, de modo que no cabe eludirlos cambiando de oficio o de lugar. Se aplica también a quien se ve obligado a trabajar adonde quiera que vaya o a quien en vano huye en este mundo de problemas porque los encuentra en cualquier parte. En esta línea, se encuentra el sentido de la adivinanza, cuya respuesta es - A la carnicería o al matadero, y que encierra la reflexión amarga de que sólo le espera la muerte a quien ya no puede trabajar.
Se emplea cuando alguien pretende destacar sin mérito, cuando se estima que alguien o algo tiene una importancia que no merece o cuando se compone y adorna a alguien o algo para darle mejor apariencia, una apariencia juvenil. Alude a los viejos que resultan ridículos por arreglarse como si fueran jóvenes, algo impropio para su edad. En sentido general, se refiere a lo que resulta inadecuado o desproporcionado. Se aplica también a la mercancía que se va a vender y a la conveniencia de darle una buena apariencia. También puede aplicarse al matrimonio entre personas de edades muy diferentes.
Los instrumentos o medios buenos o de buena calidad facilitan el aprendizaje de los pincipiantes; así, para un jinete inexperto es mucho mejor montar un caballo ya amaestrado que uno sin domar. En un sentido más amplio, se indica que la experiencia de la persona madura debe encauzar la osadía y la intrepidez de la juventud.
Elogia la experiencia de la vejez para encauzar la intrepidez de la juventud, mediante la imagen del jinete ya consagrado que sabe cómo domar o dominar un caballo joven. Por otra parte, es preferible dejar una tarea nueva y difícil para quien ya ha pasado por situaciones semejantes.
Se refiere al respeto que se debe tener a los ancianos. Por otra parte, alude a quien es bien recibido en todas partes porque se ha ganado un buen nombre al cabo de los años, por su juicio y prudencia.
Critica al anciano que se tiñe las canas para parecer más joven. En sentido más genérico, critica a quien trata de negar lo que resulta natural por el paso de los años.
Se emplea cuando sobreviene algo fuera de ocasión o tiempo. Se dice en tono irónico cuando alguien de cierta edad actúa según es costumbre en la juventud, incluido en el amor. Se refiere especialmente a quien se resiste a envejecer y lo demuestra haciendo conquistas amorosas. En consecuencia, se aplicaría a un viejo verde o a quien tiene un comportamiento impropio de una persona de cierta edad. En sentido muy general, se emplea si ocurre algo a destiempo.
Hay que aprovechar la juventud para trabajar los años en que tenemos energías, porque de otro modo cuando nos hagamos mayores pasaremos apuros o trataremos -con frecuencia, en vano- de recuperar las oportunidades perdidas.
Las personas mayores están acostumbradas a un clima, a su casa y a sus hábitos, por lo que llevarlos a otro lugar les afecta bastante, incluso a veces puede costarles la vida.
Del mismo modo que el buey acostumbrado al arado no se tuerce, una persona realiza bien una actividad por haberla hecho durante mucho tiempo. Se aplica este refrán a quien desempeña bien su oficio por su inteligencia y la experiencia adquirida durante años. Se dice también para elogiar las cosas viejas, porque con frecuencia son más provechosas y útiles que las nuevas.
En sentido recto, el refrán alude a la apariencia en la vejez, o sea el aumento de las arrugas. Se puede aplicar también a las personas cuyas inclinaciones e instintos no se reducen sino que se acrecientan con el paso de los años.
Por su experiencia de la vida la persona de edad es quien mejor puede dar consejos. En las variantes, se añade la figura del rico, del poderoso que puede ayudar a los más necesitados.
Alude a las consecuencias que suelen acarrear el amor y la vejez. La experiencia confirma que quien ama no acepta compartir, pretende la exclusividad de tal afecto, entendido en parte como posesión y dominio, de donde surgen los celos. Por otra parte, el paso de los años produce en quienes los cumplen tristezas y malestar a causa de la pérdida de las fuerzas físicas y económicas, así como por la ausencia de seres queridos.
Puede que con el paso del tiempo se desee aparentar ser más joven de la edad real, por lo que se tiñe el pelo, se procura tener bien la dentadura. Sin embargo, hay algo que no se puede ocultar: la arruga; las arrugas desvelan la llegada de la madurez y la vejez.
Cada edad tiene sus ventajas. Si bien la llegada de la vejez implica una pérdida del vigor y de las facultades, existe la compensación de la enseñanza que aporta la experiencia.
Esto sucede porque corrigen y castigan al niño, y el viejo porque siente enfermedades y otros padecimientos. En definitiva, el llanto acompaña toda la vida del hombre.